“La paz comienza con una sonrisa”
(M.Teresa de Calcuta)
“No hay camino para la paz, la paz es el camino”
(Mahatma Gandhi)
Desde que tengo memoria, la paz es un término que forma parte importante de nuestro léxico, por las razones más variadas. En términos generales, es posible apreciar que no es una inquietud aislada, las diversas realidades a nivel global han permitido llenar páginas y páginas en los más diversos idiomas que nos hablan sobre ella, desde diversos tópicos y con distintos matices. No pocas veces, de manera interesada y dirigida, como prostituyendo su más profundo significado. Otras tantas, cual grito de angustia intentando rescatarnos de la errada ruta del desencuentro y hostilidad cuya peor cara es de desolación y muerte.
Hay quienes ven en este concepto una simple idea romántica de vida y tienen la visión que la guerra es inherente a toda civilización que se precie de tal, señalando por ejemplo, que los pueblos originarios a los que no les alcanza el término de civilizados, simplemente no conocieron la guerra en virtud de su escaso desarrollo, pues ésta requiere organización, planificación, estrategias y otras cosas dignas, sólo de una estructura orgánica de quien se impone planes y objetivos, preparándose para su desarrollo.
Que la paz en cambio, no es más que una reacción sentimental, no racional, sin planes ni estructuras y que se afirma en el ideario colectivo, sin más definición de lo que dan los sentimientos y en ese contexto, quienes luchan o abogan por la paz, no saben cabalmente por lo que luchan, ni buscan el desarrollo de sus pueblos y que por tanto, terminan haciéndole un flaco favor al desarrollo de la humanidad y la civilidad. Hasta se atreven a aventurar que un pacifista es el germen de la anarquía.
Esta línea de pensamiento, lamentablemente, tiene suficientes adeptos en las esferas de poder cuyas facultades permiten tomar decisiones que afectarán la vida de modo irremediable a los habitantes de la sociedad de la que forman parte y lo harán precisamente en nombre de la paz…
¿Pero qué podemos entender por paz?
Todos tenemos alguna idea de lo que ella significa. Es un valor al que nadie, por supuesto, puede negarse a aspirar. Se la busca y se considera parte del bien común en una sociedad civilizada, contrariamente a lo que ciertos sectores creen.
Para que exista y sea realidad, sin embargo, es necesaria que surja primero en el fuero interno de cada individuo, para que luego como principio rector de vida pueda propagarse como la luz del amanecer, a su entorno circundante primero, luego al resto de la sociedad en cuanto efecto multiplicador.
Parece una tarea titánica y por qué no utópica, considerando los tiempos que nos corresponde vivir. La violencia, parece estar más arraigada cada día, iniciada muchas veces en el íntimo seno familiar. El maltrato es un flagelo que afecta silenciosamente a miles de personas; niños, mujeres, enfermos y ancianos, sometidos al abuso de poder de quienes deberían entregar protección y abrigo.
Con ello se da inicio a una espiral de actos que terminan por suprimir en muchas oportunidades, la creatividad, la sensibilidad, la bondad, el amor y lamentablemente, no pocas veces la vida de quienes la padecen. Es desde ahí, que debemos comenzar el cambio y transformación por una vida mejor, en la que la paz sea lev motiv
La paz puede ser entendida como la “virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y las pasiones” (RAE). Así, en tanto virtud, la paz es un hábito bueno, cuya práctica exige reiteración de actos encaminados a obtener la tranquilidad y hacer del sosiego una forma de vida. En otras palabras, condicionar la propia voluntad en aras de hacer de la propia una forma de vida pacífica. El efecto multiplicador se produce por la imitación de quienes ven en el virtuoso un ícono y en sus actos una forma de vivir armónica, saludable y deseada.
Apostar por la paz es apostar por la vida, por el respeto a la diversidad, a la tolerancia. Propiciar la paz es en definitiva un acto de amor y en cuanto tal, permite abrir caminos a la unidad, tender puentes a la armonía, a la tolerancia, creando espacios que permitan el mayor desarrollo posible a cada quien, generando oportunidades y atrayendo voluntades que muevan al cambio en la dirección correcta.
Debemos entonces, ir más allá de los simples deseos, dejando de lado la indiferencia o descansando en la idea que las grandes decisiones sociales no nos empecen porque son responsabilidad de alguien más y en lo que esté al alcance brindar lo mejor de cada cual, con el fin de generar un efecto virtuoso multiplicador en beneficio, primeramente de la paz individual, que por sí misma logrará expandirse al resto de la sociedad.
Hacer de este un mundo mejor es tarea de todos y de ejercicio permanente, requiere acción y disposición…
La paz es una actitud de vida, por la vida y para la vida… ¿Alguien quiere unirse? Único requisito; buena voluntad.
Yo me uno. La paz es confiar en nuestras emociones y ser felices solo sintiendo. O por lo menos esa es la mía (cuando aparece) porque todavía me queda tiempo para entender que esta paz de la que te hablo es mi camino.
ResponderEliminarSaludos desde Mundo Aquilante!
nada de zanahorias en el culo...
Hola Mundo Aquilante, me encanta tu definición de paz, es un buen camino para recorrelo o quedarse ahi a la vera para sólo sentir y confiar ;) Gracias por la visita. Un abrazo.
ResponderEliminarYo todavía no defino mi paz.
ResponderEliminarMmmmm... nop. No la defino...
Baci
y yo, que vivo en un país en guerra defino la paz como respeto. Respeto por lo distinto, respeto por los espacios ajenos. La paz es compartir lo poquito que tenemos para que todos podamos vivir tranquilos, sin muertes, sin penas, sin perder a nuestros hijos en estúpidas guerras por un pedazo de tierra. Cuando el corazón es grande hay lugar para todos. Sobre todo respeto, en lo global y en lo particular. Si respeto las diferencias sin pretender que todos piensen como yo, si respeto las cosas que puedo no siempre comprender (en los demás y en mí misma) entonces habré encontrado la paz. Un abrazo,
ResponderEliminarHola NINA, es comprensible, lograr la paz interior es una ruta muy íntima y personal, un proceso único, pero absolutamente alcanzable, de ello no tengo dudas. Un abrazo.
ResponderEliminarHola Maia, adhiero a cada una de tus palabras y empatizo con tu sentir. El respeto por sobre todo, la tolerancia, la aceptación de lo diverso y de lo distinto, de las decisiones individuales y la autodefinición de los pueblos debe primar por sobre pequeñeces... nadie sobra, sobran las malas formas, la incomunicación, los egoismos, pero siempre es tiempo para volver sobre lo malhecho y reconstruir una realidad en la que cada quien pueda disfrutar de su libertad a ser y hacer. Un abrazo.
ResponderEliminarNosotros nos unimos. Sería bello hacer una cadena por la paz. Pero desgraciadamente, no depende de nosotros. Cuestiones tales como poder, economía y dinero rompen la paz de muchos seres con cualquier excusa absurda.
ResponderEliminarBuena reflexión para esta plácida mañana de domingo.
Un abrazo.
Hola Jesslo,
ResponderEliminarLa paz con si mismo y con su próximo siendo la única vía que puede llevar a la felicidad,el hombre demuestra su peligrosa insensatez desdeñandola.
Como siempre un placer leerte.
Un abrazo.
se me olvidaba...Impresionante cambiante de look :)
ResponderEliminarMarpin y la Rana, Les encuentro toda la razón y es frustrante constatar que la simple buena voluntad parece ser insuficiente, no obstante, parafraseando a Teresa de Calcuta en su decir "lo que hacemos es como una pequeña gota en el mar, pero qué distinto sería ese mar sin esa gota" ¡Qué distinto sería este mundo sin esa pequeña intervención nuestra en aras de la paz! por mínima que sea. La más grande de las hazañas comienza con un mínimo paso. Un abrazo.
ResponderEliminarSagitaire, Concuerdo absolutamente con su reflexión... peligrosa insensatez, sin duda.
ResponderEliminarEl cambio de look es gentilmente auspiciado por blogger, jaja, al alcance de el más inexperto, para muestra una servidora ;))
Un abrazo.