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La Pluma es la Lengua del Alma...(Cervantes)





miércoles, 21 de julio de 2010

Un Niño...

Va descalzo, viste ropa holgada, harapos dejan ver parte de su piel curtida en frío. En su mirada cristalina aún habita la inocencia, con su manito estirada anhela que alguien hoy lo note, le devuelva la mirada, tal vez un gesto, un roce, el toque casual de una mano que extiende una moneda y su suerte no sea la de ayer, con su estómago vacío buscando en un bote de desechos su alimento para en soledad y abandono conciliar el sueño entre cartones bajo el puente, su hogar. Hay un niño en la calle… hay un niño… niño.

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viernes, 2 de julio de 2010

Pax Erga Omnes

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“La paz comienza con una sonrisa”
(M.Teresa de Calcuta)

“No hay camino para la paz, la paz es el camino”
(Mahatma Gandhi)




Desde que tengo memoria, la paz es un término que forma parte importante de nuestro léxico, por las razones más variadas. En términos generales, es posible apreciar que no es una inquietud aislada, las diversas realidades a nivel global han permitido llenar páginas y páginas en los más diversos idiomas que nos hablan sobre ella, desde diversos tópicos y con distintos matices. No pocas veces, de manera interesada y dirigida, como prostituyendo su más profundo significado. Otras tantas, cual grito de angustia intentando rescatarnos de la errada ruta del desencuentro y hostilidad cuya peor cara es de desolación y muerte.

Hay quienes ven en este concepto una simple idea romántica de vida y tienen la visión que la guerra es inherente a toda civilización que se precie de tal, señalando por ejemplo, que los pueblos originarios a los que no les alcanza el término de civilizados, simplemente no conocieron la guerra en virtud de su escaso desarrollo, pues ésta requiere organización, planificación, estrategias y otras cosas dignas, sólo de una estructura orgánica de quien se impone planes y objetivos, preparándose para su desarrollo.

Que la paz en cambio, no es más que una reacción sentimental, no racional, sin planes ni estructuras y que se afirma en el ideario colectivo, sin más definición de lo que dan los sentimientos y en ese contexto, quienes luchan o abogan por la paz, no saben cabalmente por lo que luchan, ni buscan el desarrollo de sus pueblos y que por tanto, terminan haciéndole un flaco favor al desarrollo de la humanidad y la civilidad. Hasta se atreven a aventurar que un pacifista es el germen de la anarquía.

Esta línea de pensamiento, lamentablemente, tiene suficientes adeptos en las esferas de poder cuyas facultades permiten tomar decisiones que afectarán la vida de modo irremediable a los habitantes de la sociedad de la que forman parte y lo harán precisamente en nombre de la paz…

¿Pero qué podemos entender por paz?

Todos tenemos alguna idea de lo que ella significa. Es un valor al que nadie, por supuesto, puede negarse a aspirar. Se la busca y se considera parte del bien común en una sociedad civilizada, contrariamente a lo que ciertos sectores creen.

Para que exista y sea realidad, sin embargo, es necesaria que surja primero en el fuero interno de cada individuo, para que luego como principio rector de vida pueda propagarse como la luz del amanecer, a su entorno circundante primero, luego al resto de la sociedad en cuanto efecto multiplicador.

Parece una tarea titánica y por qué no utópica, considerando los tiempos que nos corresponde vivir. La violencia, parece estar más arraigada cada día, iniciada muchas veces en el íntimo seno familiar. El maltrato es un flagelo que afecta silenciosamente a miles de personas; niños, mujeres, enfermos y ancianos, sometidos al abuso de poder de quienes deberían entregar protección y abrigo.

Con ello se da inicio a una espiral de actos que terminan por suprimir en muchas oportunidades, la creatividad, la sensibilidad, la bondad, el amor y lamentablemente, no pocas veces la vida de quienes la padecen. Es desde ahí, que debemos comenzar el cambio y transformación por una vida mejor, en la que la paz sea lev motiv

La paz puede ser entendida como la “virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y las pasiones” (RAE). Así, en tanto virtud, la paz es un hábito bueno, cuya práctica exige reiteración de actos encaminados a obtener la tranquilidad y hacer del sosiego una forma de vida. En otras palabras, condicionar la propia voluntad en aras de hacer de la propia una forma de vida pacífica. El efecto multiplicador se produce por la imitación de quienes ven en el virtuoso un ícono y en sus actos una forma de vivir armónica, saludable y deseada.

Apostar por la paz es apostar por la vida, por el respeto a la diversidad, a la tolerancia. Propiciar la paz es en definitiva un acto de amor y en cuanto tal, permite abrir caminos a la unidad, tender puentes a la armonía, a la tolerancia, creando espacios que permitan el mayor desarrollo posible a cada quien, generando oportunidades y atrayendo voluntades que muevan al cambio en la dirección correcta.

Debemos entonces, ir más allá de los simples deseos, dejando de lado la indiferencia o descansando en la idea que las grandes decisiones sociales no nos empecen porque son responsabilidad de alguien más y en lo que esté al alcance brindar lo mejor de cada cual, con el fin de generar un efecto virtuoso multiplicador en beneficio, primeramente de la paz individual, que por sí misma logrará expandirse al resto de la sociedad.

Hacer de este un mundo mejor es tarea de todos y de ejercicio permanente, requiere acción y disposición…

La paz es una actitud de vida, por la vida y para la vida… ¿Alguien quiere unirse? Único requisito; buena voluntad.

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