¿Es acaso la esencia de la naturaleza humana un permanente confluir y bifurcar cual infinita espiral en torno a si misma?
Mientras el sentido razona por la necesidad de crear, la sensibilidad siente por la necesidad de amar. En la apariencia de fusión-contradicción yace soledad…. En el “yo y mis circunstancias” La razón nos señala lo indicado, el sentimiento lo anhelado, a veces coinciden otras no. En sincronía sináptica concluimos, determinamos, juzgamos. Fiel al sentido común, o no tanto. Algo en todo caso, permanece al margen de la razón, un algo que se interpone como causa vital, un algo que inexplicablemente nos confronta con nosotros mismos ¿Qué debe primar el sentido, la sensibilidad? Difícil cuestión. La razón, constituye frontera que los sentimientos desafían. La sensibilidad es libre, no se ajusta a parámetros impuestos desde lo ex(in)terno. La renuncia a su expresión es posible sólo en lo aparente, en la que hay voluntad dirigida al sentimiento, “en recuerdo de nuestra condición elevada” entonces nos hacemos dolor. El sendero de la vida se conoce en el sentido, se recorre en la sensibilidad, pero también es a la inversa, confluyendo, bifurcando, en una permanente espiral en congruencia con la permanente contradicción de esta, nuestra condición humana...