"La libertad sin igualdad es una hermosa palabra de claros acentos pero de escuálidos resultados." (Hubert h. Humphrey)
Hace algunos años, asistí al lanzamiento de un libro de un profesor que admiro mucho por su capacidad intelectual. Fue una ceremonia breve, formal y casi íntima. Muchas autoridades universitarias, algunos alumnos y unos cuantos profesionales.
Fue grato reencontrarme con profesores que contribuyeron, no sólo a mi formación profesional, sino además, grandes referentes en mi formación ética.
Al final, aquel profesor que alguna vez me resultó severo y hasta un poco distante, me miró y escribió en su dedicatoria al autografiar mi libro: "A mi estimada alumna....." Me sentí muy orgullosa, lo consideré un verdadero honor.
Es curioso como esa frase inicial, me resultó un verdadero halago, viniendo de un reconocido profesional por su amor y dedicación al conocimiento que tuve la ocasión de sentir cercano y por qué no decirlo, más humano.
La presentación no fue tan extensa, pero sí de gran profundidad. El prefacio a cargo de otro eximio ex-profesor, hacía hincapié en la dinámica que ha adquirido la evolución del derecho, siempre cambiante, acorde a los tiempos, llenando de desafíos a los profesionales que se sobreexigen para permanecer actualizados. Situación, que debo señalar, me consta.
El autor en cambio, puso énfasis en el principio fundamental que rige nuestra institucionalidad jurídica: "Todos nacemos libres e iguales en dignidad y derechos", principio que es anterior y superior al establecimiento de cualquier forma de organización social o estado.
Es un principio tan importante.....pero tan difícil de mantener en práctica. Eso es algo que de verdad me apena…. siento que demasiadas veces, de principio pasa a ser solamente un deseo, una buena intención.
Por coincidencias que da la vida, el mismo día un amigo me envía unas fotos de niños al borde de la muerte por inanición en África. Coincidentemente, además, el mismo día, en mi país una mujer fue asesinada a tiros por su marido que no soportó, un gasto adicional y una comida que no era de su agrado.
Es evidente que demasiadas veces, no podemos ser ni tan libres, ni tan iguales. Genera impotencia comprobar a diario que la dignidad, depende más del cargo, del bolsillo u otras cosas superfluas y no de la identidad en cuanto SER. Así, derechos como éste, siendo fundamentalísimos, de suyo elementales, pasan a ser muy habitualmente, privilegios de unos pocos....
....Entonces, ya no sé si debo sentirme tan orgullosa, por un trato especial, cuando como simple ser mortal, no estoy en condiciones de cambiar mucho las cosas a mi alrededor, ni mucho menos ser un aporte para que este mundo sea hoy un poco menos injusto de lo que fue ayer......
(Este es un post antiguo, las cosas no han cambiado mucho desde entonces… y yo… sigo sintiendo lo mismo)